domingo, 20 de enero de 2013

El día después

El reloj empezó a sonar 8.30 como lo había programado. Obvio que no me levanté de inmediato. Me quedé unos 30 minutos más en la cama. Esa cama que ahora tiene espacio de más.
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Es raro comenzar la mañana sin preocuparse por los ruidos que puedan despertarte. Y aunque la sensación de soledad desaparece lentamente, lo primero que pensé al abrir los ojos fueron las preguntas de todo padre  cuando está lejos de sus hijos:¿A qué hora se habrá dormido?¿Estará despierta ya?¿No tendrá frio?¿Estará bien? y miles más.
Seguramente vos la estás pasando maravillosamente bien. Eso me pone feliz.
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Acabo de darme cuenta que las rutinas son condicionantes muy grandes de nuestros actos diarios. Puse el agua a calentar, saqué un saquito de té, e inconscientemente tomé dos tazas para preparar el desayuno. Casi con desgano volví a colocar la taza sobrante en el secaplatos.

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